Se juega la sexta fecha de las eliminatorias sudamericanas a Sudáfrica 2010. El Mineirao recibía a los colosos de la zona para batirse en duelo que prometía ser el partido de la fecha. En teoría, los dos mejores equipos pertenecientes a la Conmebol, dos grandes a nivel mundial, plagados de estrellas, de jugadores de renombre. Cualquier fanático estaría encantado por ir a ver un Brasil – Argentina, puesto que más allá de nacionalidades y favoritismos, el espectáculo está asegurado. En teoría.
La realidad era que ninguno de los dos venía del todo bien. Los locales venían de perder ante Paraguay por 2-0, sin mostrar el juego bonito que los ha caracterizado a través de la historia. Argentina venía de salvar un punto en el último suspiro ante Ecuador, sin demostrar tampoco la calidad, el juego individual y colectivo que los identifica. Dos selecciones grandes que venían en bajada, y que tenían que demostrar que las cosas pueden mejorar, y ambas además con la obligación de reivindicarse ante su afición. La historia reflejará un 0-0, pero no reflejará lo poco que ambos equipos demostraron en el terreno de juego. En la cancha, se vieron dos equipos sin ambición, sin ganas de hacerse daño, como si no tuvieran la necesidad de ganar. Se vieron dos equipos pobres que no dieron en lo absoluto el espectáculo que se esperaba de ellos. Un partido aburrido, lento, con pocas ocasiones de gol y muy poco que destacar. El clásico sudamericano más aburrido que he visto en mi vida, sin duda alguna.
